NUTRICION

La dieta de Pre-competición
Por Michael.

 La dieta de pre competición tiene por objetivo principal y final llegar lo más recortados posibles el día del torneo. Para lograr este objetivo esta dieta tiene que estar orientada a la reducción máxima posible del tejido adiposo corporal, a la vez que se procura conservar toda la masa muscular magra que sea posible. Esto último suele ser la tarea más difícil de esta etapa, ya que la reducción de tejido adiposo con la consecuente pérdida de peso corporal solo se hace posible colocando al cuerpo en un estado de privación calórica y esto muchas veces conduce al indeseable estado catabólico.

 Una metodología adecuada, una correcta planificación y sobre todo una férrea disciplina se hacen esenciales para lograr estos objetivos. Siempre es recomendable comenzar esta dieta con suficiente tiempo de antelación y cuando hablo de suficiente tiempo me refiero de al menos dieciséis semanas antes del torneo, osea unos cuatro meses. Esto es debido a que el cuerpo tiene una capacidad reducida de consumir la grasa corporal, esta tasa suele ser fijada en una pérdida máxima de un kilogramo de grasa a la semana, un poco menos para las mujeres y  un poco más para varones que sobrepasen los noventa kilogramos de peso. Además hay que tener en cuenta que son raros los casos donde un atleta no necesita bajar al menos diez kilogramos en total para lograr su máxima forma, y en la mayoría de los casos esta cifra es más elevada aún. Y a no confundirse, un atleta que normalmente tenga diez o quince kilogramos por encima del peso en su máxima condición, no es un atleta que este demasiado tapado ni mucho menos gordo, no a este atleta por lo general todavía se le pueden ver algunas separaciones muscular e incluso hay rastros de las abdominales.

 Por lo general la dieta más efectiva y más probada es la que consiste en mantener alta la ingesta de proteínas de origen animal y alto valor biológico, a la vez que la ingesta de lípidos se mantiene baja y la de carbohidratos se va reduciendo gradualmente hasta obtener el punto deseado. No hay que reducir de golpe la cantidad de hidratos de carbono de la dieta, ya que esto conduciría seguramente a un descenso abrupto del rendimiento físico, a un catabolismo casi seguro y a un descenso pronunciado de la tasa metabólica basal. Lo más conveniente es ir reduciendo de forma gradual la ingesta de hidratos y depende del caso en particular ir haciendo ciclos de más alto consumo alternando con ciclos de más bajo consumo de los mismos. Los carbohidratos en esta etapa tienen que ser en su totalidad complejos y con un índice glucémico lo más bajo posible, como la avena, arroz integral, vegetal tipo B, granos enteros, etc. Hay que evitar a toda costa los hidratos demasiado refinados, la fruta, la lactosa y obviamente el azúcar. La mayor cantidad de estos debe consumirse por la mañana e ir reduciendo su ingesta a medida que avanza el día, es una técnica casi obligada el no consumir hidratos pasadas las seis de la tarde.

 La reducción , mantenimiento o incluso el aumento de la ingesta de hidratos dependerá de cada caso en particular y de la evolución que valla sufriendo durante todo el proceso de definición.

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